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¿Qué necesitan los niños en tiempos difíciles?

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Los tiempos difíciles son todos aquellos que incluyen cambios importantes a nivel personal, familiar o sociocultural. También se les conoce como crisis. Una crisis representa la ruptura de la rutina, la discontinuidad de los hechos como estábamos acostumbrados a vivirlos y por supuesto que esto va a traer cambios a nivel emocional y psicológico.

Cuando hablamos de los niños en tiempos difíciles, es común que los padres se pregunten cómo abordarlos y qué hacer para evitar que se sientan ansiosos. Pero recordemos que la ansiedad es una respuesta humana ante situaciones que resulten amenazantes, por ende el tema no es centrarnos en eliminar la ansiedad en los niños sino contenerlos y acompañarles en la transición a la adaptación.

Ansiedad en niños.

¿Cómo se expresa la ansiedad en niños ante cambios importantes y tiempos difíciles? Generalmente, pueden aparecer las siguientes reacciones:

  1. Irritabilidad
  2. Llanto constante
  3. Mayor apego a las figuras de cuidado
  4. Regresiones (por ejemplo: volver a orinarse en la cama una vez que ya había controlado esfínteres).
  5. Síntomas físicos y motores como: dolores estomacales, sudoración de las manos, agitación motora, morderse las uñas, taquicardia, cefaleas.
  6. Miedo intenso a situaciones nuevas o a las que ya estaba acostumbrado.

Estas manifestaciones varían de un niño a otro y van a depender de la edad, el evento al que se estén enfrentando, las emociones y reacciones que predominen en su sistema familiar y el apoyo que reciban. Es decir, pueden darse en un primer momento y por un tiempo, pero no necesariamente tienen que mantenerse por un período largo si se atienden.

¿Qué necesitan los niños en tiempos difíciles?

Información: se tiende a pensar que en un tiempo de crisis o cambios significativos, mientras más se mantenga al niño al margen de lo que ocurre, mejor. La realidad es que él está sumergido en el cambio, igual que el resto de su familia y por eso es necesario que maneje cierta información adaptada a su edad. Por supuesto que un niño de meses, que todavía no puede hablar, le hará mayor falta la contención que las palabras. Pero si tiene más de 2 años, sí puede entender y lo mejor es explicarle algo sencillo, dejando abierta la posibilidad para hacer preguntas y también comunicar las alternativas que se están buscando (en caso de que eso se esté haciendo).

Mantenerse en control de algo: si sus rutinas cambian mucho, es importante que ellos puedan tener seguridad sobre otro elemento. Vamos a poner un ejemplo reciente que estamos justo viviendo en este momento: el confinamiento por el covid-19 (coronavirus). Los niños están en casa, sus horarios y rutinas cambiaron y no tienen certeza de cuándo las retomarán, pero se les puede decir que ellos tienen la posibilidad de contribuir a cuidarse lavándose las manos, usando mascarillas y antibacterial. Esto brinda al niño la sensación de control sobre ciertos aspectos, y le hace sentir que ayuda y es útil.

Contención: que los adultos a su cuidado puedan brindar espacios de expresión y contención emocional es muy importante. Permitirle sentirse triste, aceptar su ansiedad y brindarle calma le hará más sencillo el camino a la adaptación. Tienen que evitar desvalorizar su sentir, recordemos que para lo que un adulto puede ser algo sencillo de procesar, para un niño no. También es necesario que estos adultos puedan reconocer, aceptar y manejar su propia ansiedad (que no es lo mismo que reprimirla, OJO) para tener mayor disponibilidad emocional con sus hijos.

Un cambio a la vez: evitar en lo posible realizar otros cambios importantes, por ejemplo: iniciar control de esfínteres o destete. Es posible que incluso hayan regresiones y si forzamos nuevos cambios, estaríamos sumándoles estrés porque es una demanda superior a sus recursos en esos momentos. En tiempos de crisis los niños necesitan un cambio a la vez (en ese caso, los cambios del evento que están atravesando).

Jugar: el juego es el escenario por excelencia para que los niños tengan la posibilidad de expresar su mundo emocional. Todo aquello que no encuentra salida con palabras, lo hace a través del juego. Es posible que muchos niños, en tiempos difíciles, quieran jugar o pintar más de lo que normalmente lo hacen y eso hay que permitírselos. El juego espontáneo tiene mayor importancia que el dirigido en estos casos.

Combinar rutinas con flexibilidad: es normal que en medio de un cambio grande e inesperado donde las rutinas se alteran, nos esforcemos muchísimo por mantenerlas, precisamente porque la pérdida de lo seguro es angustiante y nos negamos a aceptarla. Sin embargo, conforme van pasando los días, la flexibilidad se abre paso o al menos esto es lo más saludable. En el caso de los niños es importante que ciertas rutinas se mantengan pero definitivamente otras van a transformarse y hay que ser flexibles para lograr adaptarnos. También es muy valioso que el grupo familiar pueda mantener o crear una rutina que les ayude a sostenerse en medio de tantos cambios y puede ser una actividad que disfruten juntos.

Ayudarles a integrar la experiencia: entre los 2 y 3 años se activan las funciones del hemisferio izquierdo (secuencia, análisis, lenguaje) y los niños empiezan a entender los hechos como una secuencia lógica que tiene inicio, desarrollo y desenlace, además tienen la capacidad de interrelacionarlos para sacar conclusiones. Es posible que en medio de situaciones de emergencias o crisis, los niños repitan una y otra vez lo ocurrido o pregunten mucho acerca del evento. Por esa razón, es necesario ayudarles a construir un hilo lógico de la realidad narrando lo que ocurrió, el apoyo que recibió, cómo se solucionó o se está solucionando y un futuro optimista (tomando en cuenta su edad y adaptando la información para ellos). Esto les ayudará a integrar la experiencia.

Lo que los niños necesitan en tiempos de crisis o cambios importantes no es nada mágico ni fuera de lo natural, sino los recursos con los que cuentan en el día a día pero mucho más presentes. Esto les hará más sencilla la adaptación.

«Durante los desastres, los niños suelen seguir la pista de sus padres. Si sus cuidadores permanecen tranquilos y responden a sus necesidades, suelen sobrevivir a terribles incidentes sin sufrir cicatrices psicológicas graves.»

Bessel van der Kolk (2017): El cuerpo lleva la cuenta.

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Autora: Valeria Razzi
Psicóloga, M.A.
FPV 12091

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