Abuso sexual y culpa

Abuso Sexual

El sentimiento de culpa es uno de los más comunes en víctimas de abuso sexual de todas las edades. En mi experiencia profesional, he tenido la oportunidad de acompañar en procesos psicoterapéuticos a personas que han sido abusadas sexualmente en algún momento de sus vidas y he podido notar algunos elementos que se repiten. Ya autores, dedicados a esta área, han desarrollado este tema por años y en este artículo quiero hablarte un poco sobre todos estos aspectos importantes.

Es frecuente que las víctimas se cuestionen a sí mismas, se pregunten qué hicieron para propiciar el abuso y qué les falto hacer para evitarlo. No importa la edad, culparse a sí mismas es bastante común. Por ejemplo, una persona adulta que fue abusada en su niñez, podría decir que quizás ella se mostraba muy alegre frente al abusador y con esto le enviaba señales. Acompañar a esta persona a dirigir la culpa hacia el abusador es un trabajo que puede tomar mucho tiempo y requiere mucha empatía.

Ahora bien, hablemos de esto: ¿por qué se culpan a sí mismas si ellas fueron las víctimas? Aquí te comparto algunas razones:

  1. Crecer en un ambiente donde la educación sexual no está disponible. En este tipo de entornos la única información que se maneja es que el sexo es malo y que las mujeres que mantienen relaciones sexuales antes del matrimonio o de una unión formal, no son buenas o puras. Esta última creencia es peligrosísima porque, evidentemente, el abuso no es un acto sexual consensuado.
  2. Recordarse disfrutando durante los abusos, sobre todo en la niñez. Algunas personas adultas comentan que recuerdan que su cuerpo sentía cierto «cosquilleo» (que asocian al placer) cuando el abusador o los abusadores les tocaban. La culpa generada a partir de este recuerdo es enorme y más frecuente de lo que se podría pensar. Es importante que sepas que ante una estimulación, tu cuerpo responde y esto hace que puedas sentir que estabas disfrutando, pero no, porque para disfrutar de manera consciente, el acto sexual debió haber sido consentido. Disfrutar no solo requiere la respuesta natural del cuerpo, sino la consciencia de que realmente querías estar ahí en ese momento. Frente a un abuso, y más si ocurrió cuando eras pequeña o pequeño y no tenías consciencia de lo que estaba pasando, es imposible esto. Hablo de este aspecto, enfocándome en los abusos vividos en la infancia, pero también pudo haber sucedido en tu adolescencia o adultez. Este argumento puede ser usado por los abusadores y manipularte a partir de él.
  3. Pensar que no se fue lo suficientemente valiente para confrontar el abuso. “¿Por qué no lo detuve?” es un pensamiento recurrente en las personas que han sido abusadas. El impacto y el miedo que genera este evento puede paralizarte. De hecho, una de las reacciones del miedo es paralizarse, mientras intentas asimilar lo que está ocurriendo. Es necesario que sepas que el haberte paralizado, no quiere decir que hayas dado permiso conscientemente a que esto te pasara.
  4. Que directamente te digan que fuiste culpable, haciéndote sentir que diste el permiso para que esto pasara. Cualquier acto sexual no consentido y que vulnere la integridad física y psicológica de una persona, es un abuso sexual. Aquí también se incluyen creencias colectivas como haber consumido alcohol o llevar cierta ropa. Los abusos ocurren en todas las edades y estos elementos no tienen nada que ver.
  5. Sentir confusión sobre si diste el permiso o no. Esto, realmente, puede convertirse en un conflicto personal que termina desencadenando culpa. Es común que estas personas estén rumiando constantemente en los hechos, repasando mentalmente qué pasó y cómo fue que lo permitieron. Esta racionalización, es usada, aunque no consciente de ello, como mecanismo de defensa para aliviar la angustia que causa la realidad. Se intenta justificar para no tener que enfrentarse con el hecho de que fue un abuso sexual.

¿Has podido identificar alguna de estas razones en ti? ¿Esta información te permitió descubrir otra con la que te identifiques?

Un abuso sexual impacta de manera muy significativa la actividad cerebral. Las personas que han sido víctimas, viven en un estado constante de alerta, liberando mayor cantidad de cortisol (una hormona asociada al estrés) que alguien que no ha sido abusado. Ciertos estímulos externos pueden tener tanto impacto que activan la amígdala cerebral y envían el mensaje de que algo no anda bien y que hay que prepararse. Estímulos como: olores, texturas, sonidos, imágenes. También se hace difícil habitar el cuerpo porque, en muchas personas, ocurre una desconexión total de la experiencia corporal.

Las víctimas jamás son culpables ni responsables. Vivir un abuso sexual es un evento doloroso, que deja heridas muy profundas y nadie externo debe forzar para que sean sanadas en tiempo récord. Todos tienen su propio tiempo y eso también es importante que te lo digas a ti misma/o. Tener una red de apoyo y poder iniciar un proceso de psicoterapia son elementos importantes para sobrellevar las secuelas de este evento traumático. Si has llegado hasta aquí y deseas dejar algún comentario, te leo con mucho respeto.

Autora: Valeria Razzi
Psicóloga
FPV: 12091

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